En mi última serie escultórica, presento seis retratos que probablemente reconozcáis al instante: son los seis expresidentes de nuestra democracia. Sin embargo, más allá del parecido físico —logrado mediante una novedosa metodología de modelado basada en la proyección ortogonal sobre la materia—, lo que verdaderamente busco con esta obra es cederos el testigo de la interpretación.
Las piezas presentan a los protagonistas con el torso descubierto, ajustados a una metopa. Esta decisión formal es una trampa visual deliberada. Por un lado, evoca la imago clipeata romana, el busto clásico destinado al elogio público. Por otro, la disposición sobre la madera nos remite inevitablemente al "trofeo de caza".
¿Estamos ante un homenaje a la gestión política o ante una pieza cobrada por la historia? Esa es la pregunta que vertebra este proyecto. La obra funciona como un dispositivo de "obra abierta": es vuestro juicio ciudadano el que completa el significado final, decidiendo si lo que veis es dignidad institucional o una cabeza colgada en la pared.
Este trabajo, que ha sido expuesto en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla y analizado por el Catedrático de historia Andrés Luque Teruel y la profesora Alicia Iglesias Cumplido en el libro monográfico "Guillermo Martínez Salazar, polivalencia en función del concepto en la escultura sevillana del primer cuarto del siglo XXI", pretende demostrar que la escultura contemporánea sigue siendo una herramienta potente para el pensamiento crítico y la memoria histórica.






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